Cómo las interfaces cerebro-computadora resignificarán al ser humano

Actualizado: 4 mar 2019

Elon Musk, la mente detrás de Tesla y SpaceX, ha manifestado en numerosas ocasiones que si pretendemos sobrevivir al advenimiento de la inteligencia artificial, tendremos que ser mucho mejores. Y, ¿cómo hacerlo?: conectando nuestro cerebro a una computadora para potenciar, incluso reemplazar, las capacidades cognitivas humanas a través de la inteligencia artificial.


Las posibilidades de una interfaz cerebro-computadora ya son visibles y muy reales. Uno de los sistemas que utiliza esta tecnología desde hace poco más de diez años se llama BrainGate. Se trata de un sistema de implante cerebral que se compone de un sensor y un dispositivo decodificador externo. Estos aditamentos pueden interpretar las señales neuronales, al menos las señales que envía el cerebro desde la corteza motora para mover un brazo, por ejemplo. En esencia, BrainGate le permite a una persona manipular objetos usando solo la mente.


Esta habilidad para decodificar el pensamiento podría verse como un tema de la ciencia ficción; sin embargo, eso es exactamente lo que las interfaces cerebro- computadora están haciendo hoy. Y las aplicaciones no están limitadas a las funciones motoras. Hay más de 300,000 personas que usan un implante cochlear para convertir el sonido en señales eléctricas que se envían al cerebro permitiendo que las personas con hipoacusia puedan escuchar.


Tanto Silicon Valley como las fuerzas armadas de Estados Unidos están dedicando esfuerzos y dinero a la investigación de esta tecnología. Elon Musk, por ejemplo, fundó Neuralink, una empresa de reciente creación con la cual pretende crear seres humanos súper inteligentes. Hablando del proyecto, Musk dice que le preocupa que el desarrollo de la inteligencia artificial acabe dejando atrás a los seres humanos. Es por esto que quiere añadir una "capa"; de inteligencia artificial a nuestra propia inteligencia, creando una especie de ciberborgs.


De una forma similar a los usos actuales de las interfaces cerebro-computadora, Musk busca crear implantes que puedan usarse para tratar enfermedades e incluso la depresión. Pero el objetivo más importante para él es desarrollar una red neuronal que pueda implantarse en el cerebro para hacernos incrementar nuestra capacidades cognitivas de manera exponencial y todo esto gracias a la inteligencia artificial.


Musk reconoce y habla de los peligros latentes que podría traer el desarrollo de la inteligencia artificial, pero piensa que la única forma de protegernos ante ello es usando la misma tecnología que pueda funcionar bien biológicamente dentro de nosotros y así competir con ella. Una versión distópica del futuro con la inteligencia artificial podría vernos convertidos en mascotas de la máquinas, y esto es justamente lo que Musk quiere evitar.


Desde luego, no veremos materializados los resultados de esta investigación sino hasta dentro de unas décadas, pero está claro que ninguna de estas pretensiones pueden descartarse como pertenecientes únicamente a la fantasía. Al mismo tiempo surgen varias cuestiones éticas que habrá que resolver en su momento: la privacidad y la seguridad son las más evidentes. Si el cerebro llega a ser vulnerado por una computadora, podría estar en peligro de ser hackeado. Otro cuestionamiento válido es si esta tecnología será exclusiva de las élites, dejando al grueso de la población sin acceso a estos privilegios. Cabe pensar que el continuo desarrollo de la tecnología la vuelven más accesible y por lo tanto podría estar eventualmente al alcance de todos.


Lo cierto es que el ser humano dejará de significar lo que ahora pensamos.





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