• Alejandra Mora

Economía de Recursos Naturales



“La economía es una ciencia que se ocupa de la especie

humana que vive en sociedad dentro

de un ambiente finito, o no es nada”

(Georgescu-Roegen,1993:831).


Las posibilidades de bienestar para las generaciones futuras, están marcadas por las restricciones que imponente sus antecesores a los recursos del medio ambiente, en el sentido de escasez y calidad. Cada generación impone límites a la siguiente. La actual situación impone márgenes de asignación de los recursos escasos, donde el capital por encima del capital hecho por el hombre, determina la pauta para la definición de políticas económicas que garanticen un uso racional del medio ambiente equitativo generacionalmente.

Lo siguiente tienen perspectivas desde dos corrientes de pensamiento de la economía neoclásica y la propuesta desde la economía ecológica.


Una revisión de los desarrollos en economía que han considerado limites al crecimiento económico, permite reconocer casos muy puntuales entre los que se destacan esfuerzos como los de Malthus y Ricardo que reconocen límites físicos al crecimiento de la población y al uso de la tierra. Esfuerzos más explícitos se dieron más adelante desde la economía neoclásica con Hotelling, quien demostró que no puede hablarse de asignación intertemporal óptima de recursos a menos que se conozca la demanda futura total, lo cual es imposible. Así mismo, Pigou desarrolla su texto como una propuesta para corregir las fallas del mercado comparando las diferencias entre los costos privados y los costos sociales debidos a la existencia de externalidades; y finalmente, Coase propone correcciones a la existencia de dichas externalidades en el marco institucional a partir de la definición de los derechos de propiedad. Estas posturas constituyeron un avance en la inclusión del medio ambiente en el análisis económico y la aparición de la economía ambiental como una forma de internalizar las externalidades en la función de producción o de utilidad de los agentes afectados.

Estos avances, el análisis económico no ha logrado evitar la oposición entre equilibrio económico y estabilidad ecológica; las condiciones que exige el primero no sólo no garantizan la segunda sino que pueden contribuir a perturbarla. En este proceso, mientras la ciencia económica se siga guiando en el campo de los valores de cambio, el medio ambiente, supeditado a dicha ciencia, también lo estará.

La critica ecológica señala que los costes ambientales y las necesidades de las generaciones futuras normalmente no se reflejan en los precios, son externas al mercado, poniendo de relieve sus cuestionamientos a los métodos de valoración propuestos desde la visión ortodoxa para asignar valores monetarios a la destrucción ambiental.

La corriente de la economía ecológica constituye una visión heterodoxa al tratamiento del problema ambiental al incorporar al análisis el aporte de diferentes ciencias (i.e la termodinámica 4 , la ecología y la biología). La economía ambiental se enmarca en el universo del valor y en la relación costo-beneficio que lo envuelve; los defensores de la economía ecológica lo hacen desde los propios recursos y ecosistemas a gestionar.

En este sentido, se parte de la concepción de la existencia de un mundo limitado restringido por las leyes físico-químicas de la termodinámica y se desarrollan propuestas para establecer los costos físicos del uso de los recursos naturales, estos incorporarían dentro de la valoración monetaria los costes por degradación de los recursos. La termoeconomía desde Valero y la bioeconomía con Georgescu-Roegen están entre las nuevas propuestas de pensamiento que buscan un híbrido entre las ciencias físicas y de la naturaleza con la economía, en un avance por trascender las rigideses en el análisis económico de los recursos dentro de un mundo finito.



El progreso tecnológico ha sido incorporado a las teorías de crecimiento atribuyéndosele el progreso económico, que se ha intensificado en las últimas décadas. No obstante, este progreso no ha sido gratuito en términos del uso de los recursos y el incremento de la disparidad en los niveles de ingreso entre los países. La historia económica confirma un hecho por demás elemental: el punto de partida de los grandes avances del progreso tecnológico ha sido casi siempre el descubrimiento de cómo utilizar una nueva clase de energía asequible. De esta manera, desde la perspectiva ambiental las diferentes posturas han dado lugar a distintas conceptualizaciones sobre crecimiento, desarrollo y especialmente al concepto de sostenibilidad, como la directriz de los nuevos desarrollos sobre esta materia ante la actual coyuntura.

Se reconocen entonces dos tipos de sostenibilidad que responden a dos paradigmas diferentes: una sostenibilidad débil (formulada desde la racionalidad propia de la economía estándar) y otra fuerte (formulada desde la racionalidad de esa economía de la física que es la termodinámica y de esa economía de la naturaleza que es la ecología. Dentro de la primera postura, el capital natural es considerado como factor productivo y es incorporado en la función de producción multiplicando los otros factores; además defiende el supuesto de sustituibilidad entre capital natural y capital hecho por el hombre. La posición de sostenibilidad fuerte, en cambio, destaca la complementariedad entre los dos tipos de capital partiendo de la insustituibilidad del patrimonio natural en las funciones de producción.

El sentido de sustituibilidad propuesto desde la economía neoclásica (tipo debil), postula que los nuevos productos podrían diseñarse para proporcionar los mismos o mejores servicios y usar menos recursos, y a veces menos trabajo y menos capital; pero desde este punto de vista, lo que se tiene es mejoramiento técnico y no

sustitución de recursos por capital. En este sentido, se aceptaría la consideración de que el capital natural y el capital hecho por el hombre son complementarios y no sustitutos. Los problemas de la visión de la economía estándar están básicamente en olvidar que el mercado y el desarrollo tecnológico son simples instrumentos para el logro de unos objetivos económicos, no el fin último. La confianza en el poder del mercado en cuanto a la asignación eficientemente de los recursos, y en la técnica como instrumento para reemplazar las funciones del medio ambiente, son los aspectos que se resaltan dentro de la corriente de sostenibilidad débil. Así, se asegura que incluso sin cambio técnico sería posible un crecimiento exponencial sin limite que permitiese un consumo constante para una población creciente con la única condición de que la acumulación de capital –la inversión netacreciese al ritmo que la población y la fuerza de trabajo, de modo que no decayese la relación capital/producto. Si además, como sucedía en la práctica, existía “progreso técnico”, entonces la perspectiva, aún más optimista, sería la del crecimiento del consumo percpita.



El progreso técnico y la posibilidad de sustituibilidad entre el capital natural y el hecho por el hombre harían desaparecer el problema de agotabilidad. Como parte de esta visión puede mencionarse la postura de Robert Solow para quien “el agotamiento de los recursos dejará a las generaciones futuras en mejor situación que la nuestra si una porción suficientemente grande de tales recursos se transforma en capital, en lugar de que se consuma como ahora ocurre” ( Posada,1997:168). La perspectiva ecológica insiste en la imposibilidad del crecimiento exponencial de la economía debido a la existencia de la ley de la entropía, así como a las limitaciones, por un lado para sustituir recursos naturales por capital porque para la producción y operación de este último hace falta el primero; y por el otro, para capturar las valoraciones de las generaciones futuras respecto al uso de los recursos y los efectos distributivos. No obstante, la posición desde la economía ecológica no es cerrada respecto al uso de la tecnología y reconocen que salvar el medio ambiente sin causar un aumento de precios y un estancamiento subsecuente del crecimiento de la producción sólo es posible si se inventa una tecnología que sea suficientemente limpia, que reduzca el uso del espacio, que deje intacto el suelo, que no agote la energía y los recursos y que sea más barata (o por lo menos no sea más costosa) que la tecnología actual

Ahora bien, estas tecnologías más limpias deben también ajustarse a las leyes de la termodinámica. lo que hace falta es acelerar el crecimiento económico para así disponer en el futuro de tecnologías de producción de energías diferentes.

Aqui se introduce incluso la clasificación de tecnologías “prometeicas”: “para que una economía sea viable y pueda hacer crecer la economía, no es suficiente que esté compuesta de “recetas” factibles, es necesario que además incluya una “receta” de captación de “baja entropía” del medio ambiente, es decir, de captación de energía y materiales que podamos poner a nuestra disposición. Esta captación tiene que cumplir una condición “prometeica”. En suma, llevar las discusiones sobre inversión en infraestructura al área de la infraestructura biofísica/ambiental o reaprovisionamiento del capital natural exigirá una nueva forma de pensar por parte de los economistas del desarrollo, como condición para asegurar una vida digna en el futuro. Además implica un reto no sólo en términos de abrir la visión de la economía ortodoxa, sino también de comenzar a crear estrategias y alternativas desde las diferentes ciencias para enfrentar el problema de agotamiento global del ambiente, donde el desarrollo tecnológico, desde la lógica de acompañamiento y no de sustituibilidad, puede llegar a ser la principal alternativa.


 

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